martes, 1 de marzo de 2016
jueves, 24 de septiembre de 2015
Derechos de los Pueblos Afrodescendientes en Ecuador. Reconocimiento, Justicia y Desarrollo. Avances y Desafíos
Inicio
este documento, haciendo un breve recuento de los antecedentes históricos del
movimiento cimarrón en Ecuador, partiendo de una necesaria “ruptura
anticolonial, política y epistémica de la versión oficial de la historia (…) contada
por el colonizador” (Antón, 2008); en la cual, como lo indica Agustín Lao
Montes, citado por Antón, se invisibiliza al pueblo africano y afrodescendiente
“como entidad étnica y como agencia histórica en los Estados Nacionales”. Pocos
sabemos, por ejemplo, que sin el haitiano Alejandro Petión, no habría Simón
Bolívar.
Esta
otra historia comienza en 1553, sesenta y un años después de la visita de
Cristóbal Colón a los pueblos del Abya Yala, primer nombre de Nuestra América.
Un galeón de africanos esclavizados naufraga en las costas ecuatorianas y, en
alianza con los indígenas Cayapas, crean un Palenque llamado “República de los
Zambos”, impenetrable por los españoles hasta un siglo más tarde, cuando se
produce una alianza política con la Real Audiencia de Quito, frente al fracaso en los intentos de dominación.
En
este primer proceso histórico, que duró unos más de 400 años, ocurren tres
hechos de importancia. La emergencia del movimiento cimarrón en nuestro país, la
manumisión de los africanos y afrodescendientes esclavizados, y los asentamientos
en todo el territorio nacional a partir de la minería, el Ferrocarril y el boom
petrolero.
Comienza
entonces hasta nuestros días, el “largo camino hacia la libertad”, de los hijos
de la diáspora africana, descendientes de los Reinos del Katanga y el Kongo, ya
que para la segunda mitad del siglo XX, si bien el sistema esclavista estaba
abolido en Ecuador, era solo en términos formales. Al quedarse los
afrodescendientes sin tierras y sin trabajo, fueron esclavizados nuevamente por
sus antiguos patrones, a través del Huasipungo y Concertaje, que también fueron
el motivo de nuevas luchas del movimiento cimarrón.
Así, en
un contexto de transición del Estado Feudal al Estado Moderno, con indicios de
globalización neoliberal, el pueblo afrodescendiente de Ecuador no tenía
siquiera un lugar donde morir y muchas veces ni siquiera un nombre propio.
Hasta
hoy en Ecuador muchos de los afroecuatorianos usan apellidos tomados de sus
explotadores lo que deja constancia del nivel de vulnerabilidad al que han sido
sometidos. No obstante, la situación cambia porque la historia no es estática y
le pertenece a quienes con su esfuerzo buscan la prevalencia de la justicia.
Siglo XXI: De la invisibilidad al reconocimiento
del pueblo afrodescendiente
Tras el fracaso de las políticas neoliberales en el
periodo comprendido en los últimos treinta años del siglo XX, el 28 de octubre
de 2008, con el 64% por ciento de los votos, Ecuador se proclama un Estado
Plurinacional e intercultural de derechos y justicia; y, en consecuencia, las
instituciones políticas quedan subordinadas a la garantía de derechos
constitucionales, en especial el derecho a la igualdad y no discriminación, educación,
salud, alimentación, seguridad social, agua, lucha contra pobreza y derechos colectivos
y culturales de los pueblos indígenas, afroecuatorianos y montubios.
En
términos prácticos, esto significa repensar la estrategia de desarrollo y
cuestionar el enfoque neoliberal, para salir de la lógica asistencialista y
adoptar un orden estatal de justicia económica y social, removiendo las raíces
del empobrecimiento, mediante el cambio de la matriz productiva primaria agroexportadora y
las estructuras precapitalistas, para ir a la economía social del conocimiento en
la diversidad y desde el diálogo intercultural.
Igual
que en la Polonia de Michal Kalecki, uno de los economistas más grandes del
siglo XX, citado por Amartya Sen en su libro “Desarrollo y Libertad”, en Ecuador
conseguimos neutralizar al capitalismo neoliberal, pero lo que tenemos que hacer
ahora, es abolir el feudalismo. Ha sido una de las grandes lecciones que aprendimos
de la caída del socialismo clásico.
En esa
línea, tenemos claro que la pobreza del pueblo afrodescendiente no es un
problema técnico y este grupo social no es pobre porque “no quiere trabajar”,
porque sea inferior o porque solo sirva para jugar fútbol, como expresa el
relato colonialista. La pobreza y el
empobrecimiento del pueblo afrodescendiente son un fenómeno
multidimensional, la negación de derechos por parte del poder político y
económico y el resultado de estructuras históricas excluyentes, discriminatorias
y racistas. Su erradicación, por tanto, no es un problema tecnocrático, es un
asunto de voluntad política.
De ahí
que el Estado ecuatoriano tomó la decisión política de renegociar y reducir a
la mitad el servicio de la deuda externa que se llevaba más del cincuenta por
ciento del Producto Interno Bruto, e incrementar el gasto social del cuatro por
ciento, más/menos; al diez por ciento del PIB.
Según
datos de la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo, SENPLADES, con
esta medida, entre otras, como la nacionalización de las regalías petroleras,
antes en manos de empresas transnacionales, y el incremento en la recaudación de impuestos, en el caso del
pueblo afroecuatoriano se logró reducir las brechas de pobreza por ingresos en
8pp, la extrema pobreza por ingresos en 1pp, la pobreza por NBI, en 8pp y la
extrema pobreza por NBI en 4pp. A 2014, la tasa de matrícula en educación
básica a nivel nacional del pueblo afrodescendiente es del 96%, la tasa neta de
asistencia a bachillerato llega al 56,6%, 17,2pp más que en 2006, la asistencia
a educación superior se incrementó al 17%, 3pp más que en 2006, y la seguridad social tiene
el doble de cobertura en 8 años, estando
en el 41,2%.
Desde
luego, como país, aún tenemos una deuda histórica en el tema de vivienda, cuya
brecha en el déficit se incrementó en 1 punto porcentual, pero logramos bajar
el hacinamiento en 4 pp. La brecha de empleo se mantiene en 3pp, pero la brecha
de subempleo se redujo en 1pp. Desafortunadamente, el desempleo en el pueblo
afro ecuatoriano se incrementó del 5 al 11 por ciento en ocho años. De allí que
el principal reto siga siendo una mejor distribución de los factores de
producción.
Principales Desafíos en el marco del
Decenio Internacional Afrodescendiente
Enrique
Santos Discépolo dijo, con mucha razón, que el siglo XX fue un cambalache
problemático y febril. Igual que en la vidriera irrespetuosa de los
cambalaches, se ha mezclado la vida, y herida por un sable sin remaches, vimos
llorar la Biblia contra un calefón…
En
cambio, el siglo XXI es el siglo de la segunda y definitiva
independiencia para los pueblos de América Latina.
En materia
de reconocimiento, el desafío está en la garantía de derechos culturales: identidad
cultural, autoidentificación étnica, libertad estética, memoria histórica,
patrimonio cultural, libertad de expresión cultural, acceso a expresiones
culturales diversas y derecho a la comunicación e información intercultural,
incluyente, diversa, participativa y plural.
En ese
sentido, en el año 2013 aprobamos la Ley Orgánica de Comunicación, misma que establece una cuota de 72 minutos diarios
de la parrilla de programación de los medios de comunicación social de radio y
TV, equivalente al tiempo de dos telenovelas cada día, para difundir la
cosmovisión, cultura y tradiciones de pueblos indígenas, afroecuatorianos y
montubios. También empezamos a fortalecer la etnoeducación en la educación
primaria y media.
Esto
implica un gran desafío e inversión para el Estado, los medios de comunicación,
que deben producir contenidos interculturales con la participación de las
propias comunidades desde un criterio de auto representación. Esto es un avance importante que sin duda marcará
un antes y un después en el fortalecimiento los derechos culturales de los 14
pueblos y nacionalidades del país. Como dije antes, la igualdad es un asunto de
voluntad política.
En el
ámbito de la justicia, los desafíos del Decenio implican la aplicación efectiva
de la normativa sobre delitos de discriminación, delitos de odio, incitación a
la violencia por actos discriminatorios y apología de la discriminación,
tipificados en el Código Integral Penal aprobado en 2014, tutela judicial
efectiva y con enfoque de derechos e interculturalidad, servicios de justicia
disponibles, accesibles y asequibles, con pertinencia cultural y de calidad, y
la no racialización de los delitos y la criminalidad.
Con
respecto al desarrollo, es preciso apuntar a la igualdad de oportunidades. Como
bien señala Amartya Sen, la pobreza no se mide sólo por el nivel de renta, sino
por la ausencia de capacidades de las personas para ejercer sus derechos
humanos, individual y colectivamente, es el fracaso de un individuo para vivir
con dignidad. Va más allá de la
satisfacción de necesidades mínimas de subsistencia, sino que supone tener lo
mínimo para desarrollar su libertad: educación, nutrición, salud y mayores
índices de esperanza de vida.
Esto
será posible a través de medidas de acción afirmativa y lineamientos de
política pública que garanticen igualdad material a favor del pueblo afrodescendiente, tales
como cuotas en el sistema de educación media y superior, sistemas de
información y estadística con enfoque de capacidades, reforma agraria para
democratizar la propiedad de la tierra, acceso al agua, derecho a la vivienda
digna que incluye la ampliación de cobertura de servicios públicos de salud
preventiva y saneamiento ambiental, consulta previa, entre otros derechos económicos, sociales y colectivos.
Ecuador,
de acuerdo a datos de CEPAL (2015), es uno de los tres países más inequitativos
del mundo, aunque sea uno de los menos inequitativos de la región. Esto hace
doblemente vulnerable al pueblo afrodescendiente e indígena; razón por la cual, es imperativo reducir las
brechas de empobrecimiento sin una redistribución más equitativa de la riqueza,
evitando la concentración del capital en pocas manos y garantizando el acceso
democrático al capital y a la tierra, si queremos sobrevivir a los procesos de
globalización y recesión internacional que influyen directamente en nuestra
economía, sociedad y culturas.
Parafraseando a Martin Luther King: hermanos y hermanas: regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a Guerrero, regresen a Oaxaca, regresen a los barrios bajos y a los guetos, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza. Hoy les digo a ustedes, hermanas y hermanos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño latinoamericano, de que otro mundo es posible.
martes, 18 de agosto de 2015
De la guerra de los mundos a la batalla de los rumores en internet
![]() |
| Ilustración del álbum Jeff Wayne´s War of the Worlds. Disponible en http://www.datacraft.com.ar/musica-jeff-wayne-guerra-mundos.html |
Paulina Mogrovejo. Consejera representante de la
Defensoría del Pueblo en el Consejo de Regulación y
Desarrollo de la
Información y Comunicación. Especial para Diario El Telegrafo.
El productor y escritor Orson Welles demostró hace
más de setenta años que un medio de comunicación es capaz de crear alarma
social y pánico. Es probable que esa capacidad mediática —ejemplificada en las
reacciones de la gente con su obra La guerra de los mundos— otorgue sentido a
la angustia detrás del pronunciamiento de otro personaje como Umberto
Eco, quien escribe que el “drama de internet es que ha aprobado al tonto del
pueblo como el portador de la verdad”.
Más allá del criterio de estos dos personajes, en un mundo dependiente de los medios de comunicación y donde son muchos los que se identifican como defensores de un periodismo ‘libre’ e ‘independiente’, el uso de imágenes y notas falsas como información fidedigna parece aún aceptable y digno de apología. En la reciente coyuntura de movilización social, mirando en las distintas redes sociales, los mensajes que más leí fueron de afirmaciones sin relación con la realidad.
La abundancia de portales de ‘humor’ que son confundidos con fuentes informativas con la mayor seriedad del caso y la viralidad de ‘tuits’ sin fundamento o con verdades a medias son síntoma de que falta mucho para desarrollar audiencias más críticas y autocríticas, sin las que no habrá un debate que trascienda la superficialidad y el cuchicheo. El cotilleo parece relevar de frente y con pomposidad el trabajo periodístico o, por lo menos, retarlo.
En un círculo vicioso donde un rumor justifica otro
rumor, cada mentira justifica otra mentira. Los que defienden la circulación de
información falsa y la manipulación en nombre de una mal entendida ‘libertad de
prensa’ deben reconocer que la permanencia de estas prácticas no genera
condiciones de diálogo ni trae consigo una sociedad estable, respetuosa de los
derechos y bien informada. De hecho, el éxito de estas prácticas simplemente
entorpece el desarrollo de una sociedad más democrática y capaz de tomar
decisiones con base en información sustentada.
Un chisme justificará los siguientes chismes: hoy es
la imagen de archivo de una procesión religiosa que se hace pasar por una
marcha política contemporánea. Mañana será un actor político que engaña a sus
seguidores por ‘ensayar’ reacciones o ganar popularidad. Y después todo el
mundo puede creer que en verdad los bancos cerrarán, porque claro, si en su
momento todos lo repiten adquiere ‘credibilidad’. En un contexto en el que una
mentira repetida mil veces se vuelve verdad, cualquier persona con una mínima
capacidad de falsificar acontecimientos o fotografías podrá irrumpir en el
debate público y promover la histeria y hasta el pánico social.
La cultura del teléfono dañado continuará y se
afianzará. Es un juego con el que nadie gana y que mucho menos nos lleva hacia
algún acuerdo o a la formación de un criterio medianamente racional. Como si la
realidad fuera una fábula en la cual se impone la fantasía más espectacular o
la habilidad de fabricar certezas en breves mensajes. Sin autocrítica y
responsabilidad en la emisión e intercambio de ‘noticias’ prevalecerá el
facilismo y la ingenuidad en aspectos de la comunicación tan importantes como
nuestro descontento político o la situación del sistema financiero, y habrá así
más de qué desconfiar y menos en qué fundamentar posiciones argumentadas. Los
mensajes engañosos y descontextualizados profundizarán divisiones, porque su
capacidad de volverse virales no dependerá de cualidades periodísticas, sino de
su potencial polémico de poner a unos en contra de otros.
Si seguimos con el hábito de creer de sopetón en
portales que remedan la apariencia de otros medios, no solo que incurrimos en
simplicidad, sino que no habrá una opinión pública robusta, ya que ceder el rol
informativo a cualquiera con la capacidad de titular y rellenar cajas de texto
significará debilidad y vulnerabilidad en la capacidad de recibir e
intercambiar información relevante. Abreviar temas complejos en el área
económica, política y social a cien caracteres como una cuestión del ‘bien’ o
del ‘mal’ y con base en el qué dirán es un enfoque riesgoso y corto de vista.
La falta de compromiso con la comunicación verificada, contextualizada y
contrastada viene desde los que mienten con destreza, pero también la padece la
sociedad. Ignorar la realidad y reemplazarla por ficciones y esperar que haya
una ciudadanía consciente de la nada es arriesgar la capacidad de convivencia y
desconectarnos del entorno.
En el vertiginoso cosmos de internet me pasó lo que
a miles de internautas: terminé en una posición vulnerable, sin remedio, ante
cientos de falsificaciones, montajes, chismes y cuentos. Apenas si la sana
curiosidad dejó profundizar y distinguir farsas perfectamente elaboradas que
muchos confundían con noticias concretas. Esto, más allá de la tendencia
generalizada en las redes sociales de creer con la mayor convicción en cucos y
marcianos que inundan las calles y las pantallas. (O)
jueves, 2 de octubre de 2014
Publicidad audiovisual y derechos en la sociedad de la información
Paulina Mogrovejo Rengel
Ponencia en el Congreso Internacional de Narrativa Audiovisual
Universidad Técnica Particular de Loja, Loja, Octubre 2014
Para
Isidoro Loi, conocido escritor chileno, "los matrimonios jóvenes no se imaginan lo que deben a la televisión, porque antiguamente había que conversar con el cónyuge. Bette Davis, actriz hollywoodense, en cambio dijo que la televisión es maravillosa." No sólo nos produce dolor de cabeza, sino que además en su publicidad encontramos las pastillas que nos aliviarán.
Estas
dos frases, que hasta pueden resultar graciosas, nos dan idea para una primera reflexión sobre la
importancia que tiene la televisión en nuestra vida, como un punto de ruptura
en las relaciones personales, en las relaciones de familia, con los amigos y
amigas, con compañeros de escuela, de universidad, en el trabajo. La televisión no sólo nos
entretiene, sino que refuerza los patrones de comportamiento con los que interactuamos con los demás.
El
segundo tema sobre el que es importante reflexionar, es la relación entre
televisión y publicidad. La Televisión, como industria, tiene sus inicios a
mediados del siglo XX, lo que supone un gran paso mediático para la publicidad,
porque pasar de anuncios estáticos y sonidos a imágenes en movimiento, implica una ruptura cultural revolucionaria
frente a la radio y la publicidad estática, por su influencia en la forma de actuar de las personas y cómo comprenden la realidad que los rodea.
La publicidad televisiva le permite a los anunciantes, no solo ofertar bienes y servicios, sino posicionar sus marcas. Las marcas van más allá de la oferta, promueven el consumo de valores, ideas, ideales, creencias, ideologías. Apela a los sentidos, a las identidades; es decir, a los imaginarios sociales. Por tanto, una relación entre marcas, publicidad y televisión tiene incidencia directa en cultura de los pueblos.
Aquí
cabe una tercera reflexión. Si la publicidad incide en la cultura y por tanto en
las relaciones sociales, siendo consecuentes con el mandato constitucional y
los instrumentos internacionales, la publicidad y la cultura deben incorporar
el respeto a los derechos humanos para que esas relaciones sociales se
produzcan en el marco de la dignidad humana, siendo necesario, por parte del
Estado, proteger a los ciudadanos y ciudadanas para que la publicidad y la
cultura no irrespete sus derechos humanos.
La publicidad se convierte entonces, en una herramienta de reconstrucción o deconstrucción de valores en la cultura y terminan siendo parte de las revoluciones culturales, en este momento es comprensible que la intervención del Estado para la regulación no solo trata de responder a la defensa de la ética entre productores, sino también la de consumidores/usuarios y en general de la sociedad (toda la ciudadanía).
La publicidad en esta primera parte se hace cargo de posicionar una marca mediante la promoción de valores que apelan a sus audiencias e inciden en la cultura, reconstruye imaginarios, sin embargo no son valores al azar. La asociación de un producto a una cualidad en primer lugar a) lleva a que solo los valores o cualidades promovidas sean las que sirven al consumo, no son valores puros en todo caso, son valores distorsionados porque deben servir para los fines de los vendedores. En segundo lugar b) Si lo que se vende en este primer momento sea un bien o servicio no está basado en las características propias del objeto sino en el uso de símbolos más abstractos como ideas, ideales, sensaciones, sentidos como podemos señalar si es una publicidad engañosa o es solo apelar a la ilusión sin lograr con esto tener posibilidades de regulación a un aspecto subjetivo.
Si son elementos abstractos que son parte de la cultura y se convierten en ideales, corrientes, estéticas, géneros del arte, entonces estamos ante la apelación de un estilo de vida, que tiene a su alcance infinitas posibilidades de generar nuevas significaciones en la sociedad de la información. Se multiplican los canales, los emisores, los mensajes en formatos, plataformas y estilos.
Este es el primer reto de la regulación en las distintas plataformas, en los tipos de medios, a las diferentes audiencias: las promesas de lo que se anuncia es subjetiva, entonces ¿qué se considera publicidad ilícita? Hasta aquí solo me he preguntado de la comunicación comercial, pero existen al menos dos formas de promoción que no son comerciales pero que son definitivamente publicidad: la promoción de las actividades de instituciones, personas, organizaciones –incluidas de la sociedad civil- y está también la promoción de unos valores específicas enmarcados en la propaganda –las organizaciones políticas- que tienen un desarrollado nivel de regulación, al menos en el proceso electoral, y no tanto ex ante o ex post.
Hasta aquí el precio es lo de menos, si se consume un estilo de vida, una identidad, un ideal.
La publicidad no abarca de manera exclusiva la comunicación comercial, incluye la información más el posicionamiento de una marca, por esa misma razón los anuncios publicitarios no son lo único que se debe regular en la publicidad. Las plataformas tecnológicas y los tipos de medios de comunicación social ayudan a que se construyan mecanismos híbridos de promoción, con mejor recurso de tiempo y mayor apelación a los sentidos. Los programas patrocinados y los publirreportajes son un ejemplo de los nuevos elementos que tienen que ser regulados, con miras que las estrategias de comunicación que se enfoca al menos en las marcas de competencia, el público cada vez más específico, y la eficacia discursiva en el tiempo con recursos.
La publicidad con la diversificación de canales no se queda en los tipos de medios de comunicación social, aumenta su potencia con mecanismos de publicidad directa, con herramientas no convencionales, por eso la importancia de definir en estos el tema de alcance y accesibilidad.
Estamos hasta aquí buscando la manera de definir la regulación de la publicidad ilícita: la publicidad engañosa y su delgada línea de definición con la fantasía; la publicidad desleal de la cual existe mucho desarrollo normativo, y la publicidad encubierta, esta otra línea gracias a la producción de mensajes híbridos que se mezclan con la información.
La televisión tiene como una de sus principales ventajas que sus recursos comunicativos se multiplican en los sentidos y ahora más con la convergencia digital, donde se puede personalizar e interactuar con la audiencia. Los clásicos anuncios publicitarios mediante los bloques publicitarios ya no son suficientes en una sociedad de la imagen, no son las únicas estrategias para el homo videns donde estos valores e ideas abstractas son encapsuladas en una estrategia de objetos un pensamiento concreto: la idea de libertad se transforma en un auto, la felicidad en un perfume, la identidad en una camiseta.
No
quisiera parecer fatalista, quisiera transmitir a este auditorio que la
publicidad y más aún en la televisión tiene retos complejos en su normativa
para la protección de Derechos Humanos que pasa no por el mercado sino por la
cultura. No es solo la esfera del marketing y las empresas que lo hacen sino
pasa por la esfera de lo social. Lo social además en un tipo de medios de
comunicación que se ha reinventado a sí mismo, que se conecta a la red de redes
y de repente tiene la posibilidad de programarse a demanda de quien paga (ojo
aquí si hablamos de dinero); las posibilidades del acceso a la revolución
cultural entonces pasan por la innovación y por la capacidad de consumo.
La televisión no es más la caja boba. Deja de ser el medio convencional con claros bloques publicitarios para mostrar las imágenes con sonidos y sus combinaciones con avanzados efectos especiales que interactúan con la publicidad con mayor naturalidad, como un solo elemento: estamos ante los patrocinadores, ante las menciones de productos, las sobreimpresiones, avances de spot y otros mecanismos donde el producto se conjuga con el espectáculo no publicitario.
Ante todo esto la regulación del sistema de comunicación social de la que habla la Constitución de la República no se debe quedar con la protección entre anunciantes o incluir a los receptores, también está en los canales y su accesibilidad: cada vez más la publicidad se incorpora en espacios no convencionales, en las plazas con grandes vallas o en las pequeños zócalos mientras estamos viendo el fútbol.
Otro tema de la regulación es la autorregulación, los códigos deontológicos –esos mínimos que están en constante proceso de limitación/expansión- y el marco de estos procesos normativos supera cualquier dinámica del comercio, se trata de salvaguardar la dignidad de las personas. Tenemos en la TV una plataforma por reconocerla nuevamente tras su contacto con otras TICs, tenemos que configurarnos nuevamente con ella, con la regulación de franjas horarias, con la protección de los grupos de atención prioritaria. La publicidad en la TV es un andamiaje donde ninguno de sus actores quiere ceder: vender/promover/convencer y por otro lado defender los derechos no solo de los consumidores sino de toda una sociedad que ve en la publicidad su cultura y sus cambios. ¿Es posible ganar y ganar? Y plasmarlo en la TV?
Ahora
tenemos que proteger derechos de privacidad, protección a la niñez y
adolescencia, competencia leal, formación de los perceptores para una lectura
crítica de la publicidad, formación ética de las personas que a futuro se
encargarán de ser publicistas, de los artistas, los gestores culturales, las
personas que general opinión pública, de la protección a los derechos de la
salud, la identidad, la no violencia ni discriminación.
La
TV no es ya solo imagen y sonido, la TV con la publicidad son una ventana al
mundo de la virtualidad con ayuda de las TCS donde la publicidad te transporte
a los imaginarios sociales, regular los espacios donde se encuentre la
publicidad en nombre de la protección de los derechos de libertad de las
personas es excesivamente complejo cuando te das cuenta que regulas aspectos de
la vida cultural tan subjetivos que podrías quizá vulnerar otros derechos o
viceversa.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Desafíos de la Regulación en Ecuador y América Latina
en el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación
Ponencia presentada en la Plataforma Iberoamericana
de Reguladores de Televisión, Bogotá 2014
En
el año 2007, a través de uno de los
procesos más democráticos en su historia, Ecuador se planteó la ineludible
tarea de reconocer y desarrollar los derechos de la comunicación e información,
como derechos sociales indispensables para garantizar una libertad de expresión
plena, para todas y todos, sin discriminación.
Señalo
ese año, porque el primer escenario de transformación normativa fue la Asamblea
Constituyente de Ciudad Alfaro, Montecristi, hecho político que significó el
fin de una década de crisis democrática y económica que, en el ámbito de la
comunicación e información, estuvo caracterizada por un engorroso sistema de
normas y una ley de Radiodifusión y Televisión aprobada en 1975; que dejó indefensos a los ciudadanos frente
a las acciones de los medios audiovisuales e impresos (el derecho a
rectificación y réplica era opcional para la Prensa); una ley que además, privilegió la
concentración de medios de comunicación social en manos corporativas,
propiciando el manejo de la información como mercancía; una ley que descartó en
sus contenidos, el fomento del desarrollo humano, de una cultura democrática y la
identidad colectiva; y, que amortiguó la oportunidad de construir patrones
culturales libres de estereotipos y prejuicios, a favor de los derechos de los
pueblos y nacionalidades del país, de las mujeres, niños, niñas, adolescentes,
jóvenes, personas con discapacidad y otros grupos en situación de
vulnerabilidad o desigualdad económica y social.
En
dicha norma, aprobada en la Dictadura, las personas reguladas eran parte de las
instituciones reguladoras. Los vínculos entre las empresas de comunicación y
los sectores financiero y político, menoscabaron por años la independencia
editorial y económica de los medios de comunicación social, socavando la
libertad de expresión, la pluralidad de voces y el crecimiento de los medios
comunitarios. Hasta la aprobación de la Ley Orgánica de Comunicación en el año
2013, las frecuencias del espectro radioeléctrico en poder de empresas
vinculadas, podían renovarse
automáticamente, en perjuicio de las ciudadanas y ciudadanos y su derecho legítimo
a fundar medios de comunicación social.
Cabe
mencionar, que estos problemas de la comunicación e información, no son un
asunto exclusivo de Ecuador, y tampoco es un tema nuevo en el debate global. En 1980, desde la Unesco, a través del Informe Mc Bride[1],
grupo en el cual, vale mencionar, participó el colombiano Gabriel García
Marquez, orgullo de Latinoamérica, se advirtió
de la relación entre los mencionados problemas y el nuevo orden económico
mundial, donde los sistemas de comunicación compiten con los sistemas educativos,
siendo el rol de los medios y de las tecnologías de la información y
comunicación, transmitir la cultura, elegir y definir su contenido, desde un
enfoque hedonista.
Tras
la publicación del conocido Informe, las
legislaciones mundiales se han visto abocadas a reconocer los desequilibrios de
la comunicación social por las estructuras económicas mundiales, así como la importancia de
identificar otros derechos inherentes a la libertad de expresión, como
son la participación en la información desde las diversidades culturales, la defensa de los derechos de las y los
periodistas, además de las mejoras en las condiciones sobre las
infraestructuras en las que se desarrolla la comunicación y que hoy son
fundamentales, como las plataformas y redes de telecomunicaciones.
Desde
luego, estos temas también han estado y continúan presentes en Ecuador, desde la construcción de al menos cuatro
proyectos de ley que trataron los derechos de la comunicación, la información y
la libertad de expresión en el año 2009 en la Función Legislativa del país,
considerando que se debían abarcar los elementos señalados en la Constitución
de la República, así como otros que forman parte de instrumentos
internacionales de derechos humanos, a través de un sistema de comunicación social,
donde la libertad de expresión y la comunicación, cumplan funciones de
información, cohesión y conciencia social para participar en la vida pública, fomentar
la discusión, avance cultural, entretenimiento, integración; con el fin de
satisfacer necesidades de autodesarrollo, identidad cultural, libertad real,
respeto por la dignidad humana y solidaridad.
Este
objetivo es visible mediante un diseño institucional primario: El Consejo de
Regulación y Desarrollo de la información y Comunicación, cuyas funciones son la regulación del acceso a la
comunicación e información mediante el establecimiento de mecanismos sobre
variedad de programación, promover la difusión de las formas de comunicación
propias desde un enfoque étnico-cultural, elaborar los informes vinculantes sobre
los proyectos comunicacionales para las concesiones de las frecuencias y autorización
de funcionamiento de la TV paga que opere un canal propio, regular la clasificación de contenidos y franjas
horarias; y, elaborar los estudios sobre el comportamiento de la sociedad y su
relación con el contenido de los medios. Para nosotros, por ejemplo, resulta
interesante poder evaluar la relación entre los estereotipos machistas y la
violencia de género, considerando que 6 de cada 10 mujeres en Ecuador sufren
este tipo de violencia. Es decir es una
instancia que dicta reglamentos pero sobre todo investiga sobre la situación de
los derechos de la comunicación para prevenir vulneraciones y fomentar la multiplicación de las buenas
prácticas.
Por otra
parte, la ley diseña la dimensión
tutelar en una Superintendencia, como el
organismo técnico de auditoría, intervención y control, con capacidad
reparatoria, mientras que el proceso de participación ciudadana se realiza
mediante un Consejo Consultivo asesor, en los procesos de formulación de políticas
públicas, sin menoscabo de otros mecanismos que constan en la legislación especializada,
tales como veedurías, observatorios, comités, mesas de diálogo o defensores de
audiencias; y que CORDICOM garantiza al elaborar sus normativas mediante un
intenso proceso con los actores interesados.
Por
otra parte, Ecuador ha cumplido las recomendaciones de los organismos internacionales
de derechos humanos, como en el caso de la despenalización de las injurias.
Hasta el 28 de enero de este año, nuestro país sancionaba injurias no
calumniosas como imputaciones de vicios o falta de moralidad, al igual que la
difamación. Con la vigencia del nuevo Código Orgánico Integral Penal, se configura
el delito exclusivamente de calumnia como la falsa imputación de un delito e
incluso la responsabilidad penal puede desaparecer si la persona responsable se
retracta voluntariamente antes de la sentencia ejecutoriada.
Con
estos antecedentes, sumada la
ratificación de la voluntad popular por parte de la Corte Constitucional, que ha confirmado como legítima la Ley Orgánica
de Comunicación y sus instituciones, en
el Cordicom trabajamos en una agenda regulatoria, con 11 temas prioritarios, de
los cuales destaca una metodología más justa de medición de rating, criterios
de organización de franjas horarias en TV para proteger a niñas, niños y
adolescentes, cuotas de producción nacional y contenidos musicales en la programación
y publicidad a favor del cine y la música ecuatoriana, cuotas de inversión publicitaria pública y
privada a favor de los medios locales, medidas de acción afirmativa a favor de
medios comunitarios, cuotas para la difusión de la cultura y saberes de los
pueblos y nacionalidades, entre otros temas; conscientes de que aún tenemos
mucho camino por recorrer, sobre todo a las puertas del debate del Proyecto de Ley
en materia de telecomunicaciones, actualmente en manos de la Asamblea Nacional,
cuyo objeto es establecer un régimen general sobre el establecimiento y
explotación de redes para la prestación de servicios públicos, con el fin de promover la convergencia de
servicios, basados en el interés
público, con regulaciones que respondan a los fenómenos mundiales de la comunicación
en cuanto al avance tecnológico pero en el marco de las democracias – donde
esta el respeto de la intimidad y los límites de lo que se considera público y
publicable- y el proceso de democratización de las telecomunicaciones sobre
todo de la red de redes bajo el principio de neutralidad tecnológica.
Es
preciso destacar que, la regulación sobre la comunicación, sus soportes, la
protección de las libertades y la protección de los derechos colectivos, además del debate a lo interno de los países, pasa
también por discusiones a nivel regional, como es el caso de la Plataforma en
la que estamos hoy. Los retos de la agenda regulatoria en la sociedad de la
información, deben darse del centro a la periferia y viceversa, pero
principalmente desde los nodos, para pensar en un desarrollo sostenido a través
de la cooperación y la integración latinoamericana.
Es
imprescindible una agenda colectiva basada en dos marcos fundamentales: 1) el
desarrollo (la lucha contra la pobreza) que implica que la libertad de
expresión no se la ejerce si se mantienen o se profundizan las desigualdades
sociales, incluído el acceso y la posibilidad de fundar y mantener medios de
comunicación 2) El impulso de plataformas de telecomunicaciones compartidas que
ayude a las sociedades a pensarnos como SUR, como América Latina con nuestras
propias necesidades de información y nuestras formas de generar comunicación y
sus medios incluídos.
Eduardo
Bertoni en el año 2002 como Relator de Libertad de Expresión señaló que “Muchos
de los desacuerdos acerca del contenido de la libertad de expresión tiene que
ver, en realidad, con los desacuerdos sobre el contenido de la democracia” y
justamente esos desacuerdos pasan por los marcos regulatorios su ámbito y su
alcance, sobre todo en un mundo que vivió la reconstrucción de sus países por
el exceso de los Estados pero que ahora sentimos día a día los excesos del
mercado. El punto medio creo que está en la capacidad ciudadana de debatir, de
exigir y defender sus derechos. Como el tercer actor, el tercero excluído pero
donde reposa la legitimidad de la regulación.
martes, 17 de junio de 2014
Regulación y comunicación en Ecuador
Ha pasado un
año desde el 14 de junio de 2013, cuando la Asamblea Nacional ecuatoriana, pese
a los obstáculos de los grupos de poder, aprobó la Ley Orgánica de
Comunicación como una herramienta política y social de las ciudadanas y
ciudadanos de nuestro país, para que puedan expresarse libremente, sin ser discriminados; dado que en Ecuador, igual que en
otros países latinoamericanos, la información y la comunicación han sido manejadas como un negocio de las
grandes corporaciones transnacionales, quienes actuaron como grupos de
presión, usando los medios de comunicación que se encontraban en sus manos para
subordinar las instituciones del Estado a sus intereses, así como sostener el
modelo económico neoliberal en perjuicio de los derechos ciudadanos.
Es importante
mencionar, que para el año 2007, la comunicación en Ecuador se caracterizaba
por el dominio corporativo y privado sobre la radio y televisión. El 93,2 por
ciento de los medios estaba en este sector, el 6,8 por ciento eran medios
públicos y no existía ningún medio de comunicación comunitario. Asimismo, el
ejercicio profesional se realizaba de forma precaria.
Nadie se preocupaba
por los trabajadores de apoyo como fotógrafos, camarógrafos, locutores, libretistas,
sonidistas, entre otros, quienes ganaban mucho menos que el salario mínimo
vital, que en Ecuador se encuentra en 340 dólares. A un año de aprobada la ley, más de mil trabajadores de apoyo
de actividades comunicacionales se profesionalizarán. En
cuanto a medios comunitarios, de 0 en el 2007, hemos incrementado a un 5%,
siendo la meta el 34 por ciento del espectro radioeléctrico que estaría ocupado
por los pueblos originarios, las mujeres populares, jóvenes, niños, niñas y
adolescentes, las personas con discapacidad, consumidores, entre otros grupos
históricamente excluidos.
Otro de los
logros de la Ley, es la creación de una institucionalidad de prevención y
protección del derecho de los ciudadanos a la comunicación e información,
pudiendo cualquier persona, de forma individual o colectiva, demandar por daños
a los medios, cuando la información es
inexacta, distorsionada, afecta la imagen, la intimidad, la honra, la
reputación, o se burla y ridiculiza a personas y grupos sociales.
A la cabeza de
esta institucionalidad, esta el Consejo de Regulación y Desarrollo de la
Información y Comunicación, siendo nuestra misión, generar política pública para garantizar una
comunicación sin censura previa, con responsabilidad ulterior y sin
discriminación.
En el espacio
de la tutela, se encuentra la Superintendencia de la Información y Comunicación,
que se encarga de determinar responsabilidades
ulteriores y aplicar las medidas administrativas para reparar los daños
producidos a la intimidad, la honra, la reputación de las personas u otros
derechos afectados a través de los medios de comunicación social.
Sin duda, para
el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación, y el
resto de las instituciones del sector, quedan muchos desafíos en la tarea de reducir
las brechas en la comunicación, especialmente a favor de las mujeres, jóvenes,
niños, niñas y adolescentes, pueblos y nacionalidades. Debemos reducir, por
ejemplo, la desigualdad entre hombres y mujeres en la actividad periodística: el 64% de trabajadores de la
comunicación son hombres y el 36% mujeres. Hay que reducir la precarización
laboral: el 51% de los trabajadores de la comunicación no poseen título
profesional, y promover una comunicación intercultural: Menos del 8% de
indígenas, afrodescendientes y montubios trabajan en los medios de
comunicación, y menos del 1% son representados positivamente en los contenidos.
Estos
desafíos serán posibles de concretar, en cuando se fortalezca el valor de la
comunicación como un servicio público y la información como un bien público, y
no como mercancías; por cuanto en estos
días, presentaremos una propuesta de enmienda a la Constitución de la
República, convencidos de que este derecho
es interdependiente de los otros derechos humanos. Sin comunicación no hay
salud, no hay educación, no hay agua, no hay soberanía, ni diversidad, ni
igualdad, ni democracia.
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