jueves, 24 de octubre de 2013

Una sociedad del conocimiento que respete la dignidad humana

La Asamblea General de la ONU, en 1972, instituyó el 24 de octubre como Día Mundial de Información sobre el Desarrollo, con el objeto de mejorar la difusión de la información, convencidos de que un mejor conocimiento sobre los problemas del desarrollo como la pobreza, la salud, la educación, la violencia y la exclusión; permite movilizar a la sociedad, especialmente la juventud, para requerir a los Estados parte, la garantía de los derechos económicos, sociales y culturales y el cumplimiento de las estrategias de desarrollo del milenio.

En ese sentido, existen instrumentos internacionales de derechos humanos, como la Declaración de Principios de Ginebra sobre la Sociedad del Conocimiento (2003), el Plan de Acción de Ginebra (2004), el Compromiso de Túnez (2005) y la Agenda de Túnez para la Sociedad de la Información (2005), que expresan el espíritu de la ONU con respecto a la comunicación, considerada como “un proceso social fundamental, una necesidad humana básica y el fundamento de toda organización social.” Para la ONU, todas las personas, en todas partes, deben tener la oportunidad de participar, y nadie debería quedar excluido de los beneficios que ofrece la Sociedad de la Información”

Estos beneficios están vinculados al acceso a la infraestructura y tecnologías de la información y comunicación, así como a la información y el conocimiento, creación y desarrollo de capacidades, confianza en el uso de las TIC, promoción de la diversidad cultural, libertad de expresión con ética y responsabilidad y divulgación democrática del conocimiento científico y los saberes ancentrales. 

Cabe mencionar, que la Constitución de la República de Ecuador, en el artículo 387,  expresa que la sociedad del conocimiento es un imperativo para alcanzar los objetivos nacionales de desarrollo; y, en los artículos 16, 17, 18 y 19, establece a la comunicación e información, como derechos constitucionales de directa e inmediata aplicación, siendo importante destacar que este marco constitucional revela la voluntad del Estado ecuatoriano de cumplir con los compromisos adquiridos en Ginebra y Túnez para la construcción de una sociedad del conocimiento, que respete la dignidad humana.

Así mismo, exinste dispositivos institucionales para garantizar estos derechos y principios de nuestra Constitución, se encuentran expresados en la Ley Orgánica de Comunicación, como el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación (CORDICOM), la Superintendencia de la Información y Comunicación y la autoridad de telecomunicaciones, asumida por el Consejo Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL), así como otros organismos, encargados de la rectoría de políticas públicas. 

Distinto a las expresiones de algunos propietarios de medios de comunicación nacionales y transnacionales, agrupados en la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP),  la institucionalidad del sistema de comunicación social, lejos de “amordazar” o “perseguir” a la “prensa independiente”, como lo señala su  último informe -cabe decir,  por demás impreciso y poco fundamentado- tiene un rol fundamental para democratizar la información y la comunicación,  el acceso a la infraestructura tecnológica y las tecnologías de la información y la comunicación, además de proteger los derechos humanos en el marco de las actividades comunicacionales, así como el ejercicio justo, ético y responsable de nuestro derecho a hablar.

Es reprochable que la SIP, en lugar de defender los derechos de las mujeres, que corresponden a la mitad de la población, proteja las políticas de dominación de género, que refuerzan el estereotipo de la mujer como objeto sexual de consumo masculino;  en cambio, callan la vulneración de derechos laborales por parte de medios impresos ecuatorianos propiedad de sus directivos.

Cuán importante sería que este “Club de Amigos” que conforman la SIP,  practiquen la solidaridad, participando, junto al Estado ecuatoriano y otros actores del sistema de comunicación social, en la Agenda de Ginebra y Túnez para la construcción de la sociedad del conocimiento, observando el llamado que la ONU realiza a los medios para un tratamiento informativo ético y responsable más riguroso.

Cuán importante sería, que la SIP, oriente la información sobre asesinatos, violencia y discriminación,  más allá de la “crónica roja”, abordando estos temas como fenómenos sociales, producto de los grandes problemas mundiales del desarrollo. Tal parece que para este gremio de empresarios, la pobreza sin escándalos, no vende ejemplares.

Por estas razones, el derecho a la resistencia, consagrado en la Constitución ecuatoriana, tiene que ejercerse desde la sociedad en la lectura crítica de noticias y contenidos, como mecanismos de control social para construir una sociedad de la información con enfoque de derechos y no de mercancías.

Haciendo propias las palabras de Ramonet, en el colofón de estas reflexiones,  pese a que los globalizadores habían declarado que el siglo XXI sería el de las empresas globales, estamos convencidos de que será el siglo en que la comunicación y la información pertenecerán, finalmente, a todos los ciudadanos.

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